Desde la Cooperativa Agrícola Hortigas proponemos un modelo alternativo de producción, distribución y consumo de alimentos. El objetivo de este colectivo es la autogestión de nuestra alimentación mediante el cultivo de huertas, frutales, el trueke y/o apoyo mutuo con otros proyectos dedicados a la producción de alimentos (tales como quesos, vino, aceite, mermeladas, etc).

Nos organizamos de manera asamblearia y funcionamos horizontalmente, de manera que todas y todos participamos de las decisiones y tareas. Se dan diferentes formas de implicación, según se adquieran las responsabilidades de las unidades de consumo o del Grupo de Trabajo -el GT- y se participe o no en las distintas comisiones para mejorar el funcionamiento de la coopertiva.

Son responsabilidades de las cajas o unidades de consumo: asumir la cuota mensual, participar de las asambleas y asumir el turno de trabajo. Son responsabilidades del Grupo Autogestionado del Campo: cultivar las huertas, distribuir los alimentos, gestionar la casa de la cooperativa y participar de las asambleas.

La cooperativa se sustenta económicamente con la cuota que cada unidad de consumo aporta mensualmente y esto permite la autogestión al margen de instituciones económicas y políticas (o mercado capitalista). La cuota es fija y no depende de la cantidad ni de la variedad de verduras, hortalizas y frutas que se repartan.

Las huertas están en el municipio de Dúrcal (Valle del Lecrín) y las trabajamos en régimen de cesión. Cultivamos sin usar productos químicos de síntesis (ni biocidas ni fertilizantes) y recurriendo al saber tradicional del lugar para conseguir lo mejor de la tierra.

Distribuimos los alimentos una vez a la semana mediante cajas (unidades de consumo), se reparte la cosecha de la huerta y los frutales en partes iguales. Las unidades de consumo se organizan en Grupos Autogestionados de Consumo que se encuentran en distintos barrios de Granada. Una herramienta para la producción agraria, que permite conseguir alimentos mediante procesos de producción que tienen en cuenta las capacidades ecológicas del territorio, basada en técnicas de cultivo que procuran la sustentabilidad del medio y de los recursos que se emplean así como la revalorización del conocimiento campesino adaptado a los agroecosistemas locales.

Una actitud a la hora de posicionarse ante un determinado consumo que precisa de un pensamiento critico y que considera las dimensiones políticas, sociales, éticas, ecológicas y económicas del mismo.

Una estrategia de lucha social que trabaja de manera transversal y reclama otras formas de vida, una reestructuración del territorio, nuevas maneras de relacionarnos, de organizamos.